Gregorio Gutiérrez González

Este mundo es un fandango, quien no baila es un zoquete.


MI MUERTE (A Temilda)

Juventud

Morir…morir… un eco misterioso Parece repetir estas palabras En el fondo de mi alma… En otro tiempo Nunca, Temilda, al corazón llegaban.

Su enfermedad le hará morir a usted antes de un año.
(R. Cheyne. Hoy, 16 de diciembre de 1845)

I

Morir…morir… un eco misterioso
Parece repetir estas palabras
En el fondo de mi alma… En otro tiempo
Nunca, Temilda, al corazón llegaban.

Entre mis labios al nacer morían,
Sin lastimar con su sentido el alma;
Jamás pensaba que el morir encierra
La idea tremenda que mi pecho amarga.

Ya de la vida los preciosos lazos
Casi desechos de mi existencia enlazan,
Que a un leve impulso destrozados
Ceden de la mano glacial de muerte airada.


Ya de mí vida el último reflejo
Siento que débil en mi pecho vaga,
Cual la luz moribunda de la antorcha
Que con más brillo al expirar se inflama.

¡Adiós, Temilda…!
El caprichoso mundo
Ya de mi vista ocultará sus galas…
Y el nuevo sol alumbrará un sepulcro
Y un hombre menos lo verá mañana (…)

Y otro día le sigue y otra noche
E imperturbables en su curso marchan,
Y meses pasarán, pasarán años,
Indiferentes por mi tumba helada (…)

Descender a la tumba, ser cadáver
Morir, dejar de ser… estas palabras
Tú no sabes, Temilda, lo que encierran
Pronunciadas por mí, Tú la desgracia

Sí, porque tú con bárbaros desdenes
Has consumido del amor la llama,
Has desgarrado el corazón amante,
Y me has abierto la postrer morada.

Por ti al sepulcro desdeñado bajo,
Buscando en él la apetecida calma:
Y nunca sentiré sobre mi losa
De tus ojos divinos ni una lágrima.


A JULIA

Resplandor

Llena tú de hermosura y yo de amor; A ti vencido yo, tú a mí vencida, Nos hallamos por fin juntos los dos!

Juntos tú y yo vinimos a la vida,
Llena tú de hermosura y yo de amor;
A ti vencido yo, tú a mí vencida,
Nos hallamos por fin juntos los dos!

Así te dije. ¡Oh Dios!... ¡Quién creería
que no hiciera milagros el amor!
¡Cuántos años pasaron, vida mía,
y excepto nuestro amor, todo pasó!

¡Con cuánto orgullo yo añadí: mi brazo
te servirá en la vida de sostén!
de nuestro amor el encantado lazo
risueño, ufano, al mundo lo mostré.

¡Mucho, mucho, mi Julia, hemos sufrido!
un abismo descubro entre hoy y ayer;
más el débil fui yo, yo fui el vencido;
tú, fuerte de los dos, tuviste fe.

Y tu fe te ha salvado y me ha salvado,
pues unidos vinimos hasta el fin,
cual dos olas gemelas que han rodado
en busca de una playa en qué morir.

Basta para una vida haberte amado;
ya he llenado con esto mi misión.
he dudado de todo... he vacilado,
más sólo incontrastable hallé mi amor.

Julia, perdón si al fin de la carrera
fatigado y sin fuerzas me rendí...
¡Si tu suerte enlazada no estuviera
con mi suerte, tal vez fueras feliz!

Tú fuiste para mí como la roca
al solo y casi náufrago bajel,
que el ancla en ella al arrojar provoca
las tempestades que en contorno ve.

Empero, la borrasca no te arredra,
aunque se avanza hacia nosotros dos,
y has querido morir como la hiedra
que se abraza del olmo protector.

Fue desigual la unión de nuestros lares;
yo con mis faltas, tú con tu virtud;
tú dándome tu amor, yo mis pesares...
¡Oh! debiste salvarte, sola tú.
Más de la vida en la penosa lucha,
ya en el fin, como yo debes hallar
un consuelo supremo: Julia, escucha:
si no como antes, nos amamos más.

(1869)

A ANTIOQUIA

Resplandor

Al confín de nuestro suelo Regresaron los invasores Y al grito de los traidores Antioquia se estremeció.

Viendo a Antioquia desarmada
Y creyéndolos rendidos
Los traidores y bandidos
Se arrojaron en montón.

Al confín de nuestro suelo
Regresaron los invasores
Y al grito de los traidores
Antioquia se estremeció.

Ahí los tienes al frente
Profanando nuestra tierra
¿Quieren guerra?
Tomen guerra.
Ahí están, no los contéis
Muchos o pocos, ¿qué importa?
Marchad la victoria es vuestra
Y combatir es triunfar.

Que sepa el mundo que Antioquia
Todo lo lleva consigo
Armas tiene el enemigo
Y ella tiene lo demás.

Miradlos, al frente no queda ninguno
Afuera la turba del vil invasor,
Ni un palmo siquiera del suelo antioqueño
Conserva la huella que en él estampó.

Nada le falta: prudencia
Valor, constancia y denuedo,
Hijos altivos que el miedo
No conocieron jamás.

La sucia espuma que arroja
El Magdalena en su orilla
Y esa asquerosa cuadrilla
De esclavos que veis allí,

Es cobarde y no resiste
Vuestra voz y vuestro ceño
Que el grito de un antioqueño
Vale más que su fusil.

Ser fuertes en el combate
Y en la victoria clementes;
La gloria de los valientes
Es vencer y perdonar.

(1864)

A LOS ESTADOS UNIDOS DE COLOMBIA

Resplandor

Será el cielo de Antioquia nuestro palio, Y una tumba gloriosa nuestra tierra.

Vednos aquí con el fusil al brazo
Esperando el descanso o el alerte.
¿Queréis la paz? Se tornará en azadas
El hierro de las mismas bayonetas.

Pero no vaciléis, y cualquier cosa
Escoged sin demora; o paz o guerra;
Que ya pesa la lanza en nuestras manos
Y en nuestros hombros el fusil nos pesa.

No creáis que las puertas del Estado
Como en otro tiempo encontrareis abiertas!
Iremos a luchar cerca de Bosa
Si el eco del cañón como antes suena.

Aquí el clarín de Carolina se halla,
Y la orgullosa, altiva Cartagena
Puede escuchar al pie de sus murallas
La agreste diana de las bandas nuestras.

El grito de “a la carga” de La Honda
Puede Pasto escuchar entre sus selvas
A do quiera que vamos, la victoria
Nos seguirá como vasalla nuestra.

Pero venid, pero venid vosotros;
Poned un pie siquiera en la frontera,
Y encontraréis un pueblo de gigantes
Que sabrá altivo perecer por ella.

Será horrible la lucha! Anchos arroyos
De sangre humana surcarán la tierra,
Y cenizas, cadáveres y escombros
Encontraréis si la victoria es vuestra.

Pero no lo será: Dios sólo puede
Darnos el triunfo, y su justicia es cierta…
Y a más de Dios tenemos el derecho
Y nuestro honor y nuestra propia fuerza.

¿Y qué importan las lágrimas?
¿Qué importan Los torrentes de sangre que se viertan?
Feliz lluvia de lágrimas y sangre,
Si el iris de la paz refleja en ella!

Pero si acaso Dios nos abandona,
Venid a contemplar ruinas inmensas;
Será el cielo de Antioquia nuestro palio,
Y una tumba gloriosa nuestra tierra.

Venid a colocar el epitafio…
La fosa es ancha, la veréis repleta
Más, no hallaréis, lo juro, ni un amigo
Que no se encuentre sepultado en ella.

(1864)

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