Gregorio Gutiérrez González

Este mundo es un fandango, quien no baila es un zoquete.


A TEMILDA

Mis ojos, Temilda, te vieron un día...
¡Te vieron tan niña i hermosa a la par...!
Yo entonces los sueños de niño tenía
que entonces gozaba de niño la edad.

Entonces forjaba mi mente ambiciosa
historias tan bellas de amor i placer...!
Mi pecho inocente, fantástica, hermosa
con formas de cielo forjó una mujer...

I yo la adoraba sin verla siquiera,
sin ver de sus ojos brillantes la luz;
i ya devoraba mi pecho esa hoguera
que ardiente consume mis años aún.

Entonces mis ojos te vieron un día,
te vieron tan niña, tan bella a la par;
i al punto mis sueños de niño murieron
i vi realizado del pecho el afán.

I vi que era tuyo
el casto diseño
que ardiente en mi sueño
formara el amor.
Aún antes de verte,
Temilda, te amaba,
i ya palpitaba
por ti el corazón.

Mi labio callado
jamás ha podido
verter atrevido
palabras de amor.
Ni el llanto mis ojos
ardiente ha empañado...
Jamás te he mostrado
mi oculta pasión!

I tú no sabes que te adoro ciego;
que es inocente i tímido mi amor;
no tienen junto a ti mis ojos fuego,
ni mi labio callado tiene voz.

Mas tú inocente gozas descuidada
los bellos años de tu tierna edad;
sigue feliz la senda que esmaltada
de bellas flores para ti estará.
Mas si me amaras... ese amor de niño
¿podría tu vida conservar feliz?
No, nunca se olvida ese cariño
que hemos sentido en nuestra edad pueril.

Somos niños aún... de la existencia
vamos al mar atravesar los dos,
mas tú con tu candor i tu inocencia
i yo con mis pesares i mi amor.

Bogotá, 17 de Mayo de 1844

EL CIMENTERIO

Hora fatal en que la luz perece,<br>y en que el horror de las tinieblas<br>crece.<br>MACBETH.<br><br>Sobre ignorada tumba solitaria<br>a la luz amarilla de la tarde,<br>voi a ofrecer al cielo mi plegaria<br>por la mujer que amé.<br>ZORRILLA.

De púrpura i grana los cielos teñía
El sol esplendente ocultando su faz;
la nube vagando su rayo encubría,
la niebla su disco siguiendo fugaz.

Con paso tardío su faz macilenta
allá en el ocaso se ve sumergir:
los grupos de nubes que el cielo presenta
parece su carro mortuorio seguir.

Cual fúnebre cuadro de un ser moribundo
que baja al sepulcro del regio dosel,
i el pueblo agrupado con duelo profundo
le sigue enlutado llorando en tropel.

Se avanzan las sombras con paso importuno
i enluta la tierra su negro capuz;
no luce en el cielo vestigio ninguno
de rayo amarillo de pálida luz.

En este momento, la tierra adormida
en sueño profundo parece que está...
Tan sólo se escucha vagando perdida
la voz agorera del ave que va...

Un círculo extenso, santuario medroso,
se ve con la luna que empieza a lucir...
Es, ¡ai! el recinto de eterno reposo
aguarda a los hombres que habrán de morir.

El sordo murmullo que elevan las gentes
no llega a esa triste luctuosa mansión;
i nunca las voces de alegres vivientes
la calma interrumpen del vasto panteón.

Los vicios i el crimen, calumnia i mentira...
mezclados se observan allá en la ciudad,
i en este recinto tan sólo se mira
emblema siniestro de eterna verdad.

Los sauces inclinan su copa flexible
las horas midiendo con lento compás,
su frente anunciando que fuera imposible
parar de los tiempos el curso fugaz.

Las tumbas se elevan de sombras cubiertas
que apenas se miran en la oscuridad...
Son tristes entradas que se hallan abiertas
del mundo de ensueños a la eternidad.

El silbo medroso del soplo del viento
entrando a las tumbas que abiertas se ven,
parece recuerda con lúgubre acento
el vago murmullo del tiempo que fue.

Un bulto se observa que puesto de hinojos
al mármol apoya la pálida faz
do dice: “De un joven los tristes despojos
en este sepulcro descansan en paz”.

Es, ¡ai! una virgen que lánguida asienta
sobre ese sepulcro doliente la sien;
cual blanca azucena que el aura violenta
sumerge en el lodo con crudo vaivén.

Parece la blanca visión vaporosa
de un alma que viene su cuerpo a buscar...
De un ángel la sombra fugaz, misteriosa,
que viene las tumbas con llanto a regar...

Ni un ¡ai! ni un gemido su pecho despide,
agita sus miembros convulso temblor...
Los ojos alzados, parece que pide
al cielo irritado le preste favor...

Su labio encendido posando ardorosa
do se hallan los restos de aquel que adoró,
aguarda que un beso de fuego en la losa
anime al cadáver que vida perdió...

Sus cárdenos labios de pronto balbucen,
i en súbito fuego se siente abrasar,
las fuerzas recobra, sus ojos relucen
con brillo funesto que causa el pesar.

Los clava en el cielo, su fija mirada
parece la esfera celeste romper;
levanta las manos i en tierra postrada
de Dios los arcanos pretende saber.

“¡Oh! bárbaro cielo, prorrumpe afligida:
“Do está tu justicia? dó está tu favor?
“¿Por qué me quitaste la prenda querida?
“¿Do se halla mi gloria, mi dicha i mi amor?

“¿Por qué no descarga tu brazo irritado
“su cólera injusta sobre otro mortal?
“¿Por qué tu justicia perdona al malvado
“I sólo a los justos repartes el mal?”

“¿Por qué de la vida borraste su nombre,
“su nombre inocente que intacto guardó?
“¿Así recompensas, Señor, aquel hombre
“que sólo en servirte su dicha cifró...?

“¡Oh! vuelve a la vida sus caros despojos,
“que vuelva con ellos el bien que perdí...
“Si puede mi vida calmar tus enojos
“envía furibundo tu rayo hacia mí...”

“¿I es cierto que a ese sepulcro sombrío
“no llega este llanto que surca mi faz?
“¿I es cierto que el hombre que muere,
¡Dios mío!
a ver a su amada no vuelve jamás...?

Calló... sus facciones el brillo perdieron
i al pie de su tumba la virgen cayó...
Calló... sus palabras heladas murieron;
sacrílego el labio por siempre selló...

Estállase el rayo, el trueno retumba,
con furia bramando sopló el huracán...
Parece que sale una voz de la tumba
que en roncos acentos repite: “JAMAS”.

Bogotá, 8 de Junio de 1844

A UNA AMAPOLA

(Nacida en una calavera)

¿Cómo te atreves amapola hermosa
con tus aromas i tu pompa vana,
a presentarte altiva i presuntuosa
entre despojos de la muerte insana?

¡Oh bella flor, ufana i voluptuosa;
mecida al soplo de las auras leves,
tú ignoras, triste, en tu vivir gustosa
que a un cráneo humano tu existencia bebes.

En el despojo de un mortal naciste,
ser recibiendo de quien ser no tiene,
i tú mañana no sabrás quien fuiste
pues todo el tiempo a confundirlo viene.

Observa que a tus pies más noble yace
de un ser más grande el insepulto resto,
que a tu tallo gentil sirve de brazo
i a tu pompa dirige el torvo gesto.

No atiendas a las auras que te mecen,
no altiva mires el azul del cielo,
ni a las plantas que en torno de ti crecen
i son adorno del nutriente suelo.

Mira tan sólo tu vivir fugaz,
mira tu origen, mira tu existir,
mira a tus pies la denegrida faz
del solo escombro del fatal morir.

Amapola, tú descuellas
en este vasto vergel,
i te presentas en él
como mágica ilusión.
Pues nacida en ese cráneo
eres un fantasma hermoso
que se eleva voluptuoso
sobre el inmundo panteón...

Presto secará tu tallo,
i por el suelo arrastrada
será cifra de la nada
como tu cimiento fue.
Serás del viento juguete
con tu tallo carcomido,
de ese cráneo desprendido
que miras hoi a tu pie.

I entre tanto te glorías
de tu efímera belleza,
i levantas la cabeza
con tu donaire gentil.
I tus pendones de púrpura
despliegas al viento ahora
que el aliento de la aurora
cubre de aljófar sutil.

Bella flor, pues que a la suerte
le plugo hacernos iguales,
sufrimos los mismos males
i ambos sufrimos sin fin.
En mis tétricos delirios
yo no quiero otro consuelo
que correr el denso velo
que oculta nuestro existir.

Si a ti te azotan los vientos
doblando tu verde tallo,
i con cobarde desmayo
inclinas tu copa al pie,
así las fieras pasiones
han marchitado de mi alma
la dulce i tranquila calma
del tiempo alegre que fue.

Si un botón en tu corola
tus blandas hojas mantiene,
i del empuje sostiene
del huracán tu carmín,
así el alma al crudo soplo
se opone de mis pasiones
i me sirve en ocasiones
de escudo para vivir.

Si tú un momento te acuerdas,
miras bajo de ti,
un sepulcro ves allí
a tu tallo de abedul.
I si mis ojos yo torno
para ver mi situación,
bajo los pies un panteón
descubro, i un ataúd.

Van tus hojas desprendidas
cayendo de una en una,
i el aura arrastra importuna
por el suelo sin piedad.
Van mis bellas ilusiones
una tras otra cayendo,
con el tiempo que va huyendo
a hundirse en la eternidad.

Al despuntar de la aurora,
sobre tu seno vacío,
una gota de rocío
abrigas con candidez.
Un porvenir lisonjero
i una aureola de gloria,
abrigaba en la memoria
de mi tímida niñez.

Pero, ¡ai! que el sol se adelanta,
i desatada en vapor
vuela de tu seno, flor,
esa gota de zafir.
Pero, ¡ai! que corren los años
i vuela el fantasma hermoso
con que pinta dichoso
mi niñez, el porvenir.

Hoi vives tú descuidada
sin mirar en lo futuro;
mañana el destino duro
tu existencia agotará.
Hoi vivo sufriendo yo
i mañana carcomida
0 gozando de mi vida
mi existencia acabará.

Bella flor, pues que a la suerte
le plugo hacernos iguales,
sufrimos los mismos males,
i ambos sufrimos sin fin,
en mis tétricos delirios,
yo no quiero otro consuelo
que correr el denso velo
que oculta nuestro existir.

Tan sólo, bella amapola,
quisiera que junto a mí
pasaras la vida aquí
para juntos expirar.

Que el cielo benigno hiciera
iguales a nuestros años,
ya que ha querido, los daños
i los bienes igualar.

Mas ya, amapola, que el eterno quiso
nuestra existencia desigual hacer
i lo que el Dios omnipotente hizo
jamás el hombre lo podrá romper.

Tan sólo pido a la semilla hermosa
que aprisionada guarda tu botón,
que al rededor de mi marmórea losa
nazcan flores en varia profusión.

Bogotá, septiembre de 1844

HOY CUMPLO DIEZ Y NUEVE AÑOS

¡Felices ¡ai! los que jamás nacieron i no el placer con el dolor compraron! Ni de éste los torrentes apuraron! Ni sus labios en aquél humedecieron.

Anónimo

¿Qué es la vida en el curso de los siglos?
¿qué son los goces de la vida humana?
pálida sombra que al llegar mañana
furioso arrastra el huracán tras sí.
Nace el hombre rodeado de ilusiones
en un mundo de amor i de esperanza;
su débil mente al porvenir se lanza
creyendo dichas encontrar allí.

Huye cual humo la niñez tranquila
i entre el mortal en el dormido mundo,
i del dolor fatídico i profundo
la copa apura como yo apuré.
Son los siglos un libro do ve escrito
de su historia feliz, triste resumen,
i en sus años, las hojas del volumen,
solo desgracias e infortunios lee.

Yo también he sentido marchitarse
con el tiempo la flor de mi existencia,
i he sentido en temprana adolescencia
que envuelta en duelo mi existencia va.
Tan sólo he visto diez i nueve veces
rodar los años en mi joven frente,
i ya manchada con el soplo ardiente
de las pasiones su inocencia está.

¿Por qué quiso el destino que salvara
el linde infausto de la infancia bella...?
Huyó la dicha i el placer con ella
i la inocencia para siempre huyó.
I es esta ¡ai Dios! la época dichosa
de gentileza i de dorados sueños...?
¿I son los años mágicos, risueños
i venturosos los que cuento yo...?

¿I ha de llegar un tiempo en que infeliz
la edad presente ya pasada llore,
i en que la necia juventud adore
como perdido i delicioso bien...?
No, no envidiemos esa edad funesta
en que la pena nuestra dicha ofusca,
i en que el mortal entre tormentos busca
una corona para ornar su sien.

¡Maldecida ambición...! siempre he corrido
tras esa ninfa engañadora “Gloria”;
i he soñado salvar con mi memoria
mi oscuro nombre del olvido atroz...
En vano busco inspiración; el genio
su influjo no me da grato i seguro;
e ignorado vivir, morir oscuro,
es del destino la tremenda voz.

I una lira tan sólo en mi desgracia
que en mi dolor al modular suspira
mi compañera es; mas una lira
de moribundo i destemplado son;
una lira en que ensayo los cantares
de placer i de amor; pero templada
con llanto i con dolor, trina angustiada
la amargura que apena al corazón.

Es mi laúd la imagen de mi pecho,
pues si canto el placer me da tristeza,
i si quiero entonar dulce ventura
esta respuesta al resonar me da:
“Tan sólo has visto diez i nueve veces
“rodar los años por tu joven frente,
“i ya manchada con el soplo ardiente
“de las pasiones tu inocencia está”.

Bogotá, 9 de mayo de 1845

M. J. B. EN SU DÍA

No son tan bellos como tú los ángeles
que envuelve Dios en misterioso velo,
i los cantos que entonan en el cielo
son menos dulces que tu dulce voz.

El nuevo sol de tu natal alumbra
de tus miradas el fulgor divino,
donde esculpido miro mi destino,
do el porvenir descifro de los dos.

Cuando otra vez el rayo matutino
del sol alumbre tu semblante hermoso...
nuevos años te dé, también gozoso
con la tuya mi dicha alumbrará.

I en cada luz que tu natal anuncie
de nuevas gracias te veré adornada;
veré en tu frente la virtud grabada
que del tiempo la mano dejará.

Sí, que a tu lado me veré algún día,
veré premiada mi pasión ardiente,
cuando al fin con tu labio balbuciente
el juramento de tu fe me des.

Entonces, ¡ai! los perezosos años
volarán en su curso presurosos,
porque miran entonces envidiosos
que soi feliz a tus divinos pies.

Bogotá, 18 de Noviembre de 1845

EN UN ÁLBUM

En otro tiempo con mi pobre lira
quise exhalar del pecho la amargura;
mas no acogió mis cantos la hermosura,
ni de la gloria los laureles vi...

Entonces arrojé el inútil plectro
que entre mis manos colocó el destino,
i de la gloria abandoné el camino,
i ese mundo de luz en que viví.

Pero te he visto como el blanco arcángel
que arrulla al niño en su inocente sueño,
vagando en mi redor puro i risueño,
prestar inspiración a mi laúd.

Miré lucir en tus hermosos ojos
un destello de luz puro i ardiente,
que mata el corazón i vi en tu frente
el trono de hermosura i juventud.

Miré vagar la angelical sonrisa
entre tus labios de carmín, hermosa,
i he mirado tu frente pudorosa
sonrosada de cándido rubor.

I cual visión de peregrino sueño
con tus hechizos me dijiste: “Canta”,
“i ardientes himnos hasta mí levanta,
“temple tu lira para mí el amor”.

Quise cantar -la inspiración sentía
donde el opreso corazón suspira;
quise templar la abandonada lira,
ardiendo de entusiasmo el corazón-.

Quise ensayar las olvidadas trovas
que a la hermosura levantara un día;
pero mi lira en vez de su armonía
sólo me dio su destemplado son.

Abril de 1847.

EL ADIÓS

Publicada por “El Colombiano”, de Medellín, en Mayo de 1926, como una canción inédita. (Cf. con Adiós Temilda).

Es forzoso partir pues lo manda
el destino contrario y feroz,
pero dime mil veces que me amas
antes que yo oiga tu último adiós.

Ángel mío, mi amor, mi esperanza,
tus caricias prodígame amante,
que yo miro tu sien delirante
palpitando de dicha y de amor.

Deja, amada, que un beso en tu frente
con mis labios imprima de fuego,
que yo goce de tu amor, aunque luego,
me repitan tus labios adiós.

Ay! yo parto a regiones distantes
do no alcanzan tus tiernas miradas
donde nunca tus voces amadas
se unirán con mi trémula voz.

Mas vagando a merced del destino
en mi pecho tu imagen grabada,
por doquiera tu voz adorada
me dirá balbuciente un adiós.

Y si acaso me olvidas, ingrata,
si tu pecho palpita inconstante
contra el pecho de algún otro amante
olvidando mi tímido amor;

cuando en medio de gratas caricias
te creyeres feliz con tu amado,
oirás moribundo a tu lado,
de mis labios el último adiós.

Si a morir me condena distante
la fortuna tan cruel y tan fiera,
una lágrima vierte siquiera,
una sola, por mí, de dolor...

Y si llega algún tiempo en que pises
el recinto en que se halla mi tumba,
sentirás que en su seno retumba
eternal y doliente un adiós.

“En la edición de 1869 (p. 226) que pertenece a la distinguida señorita Inés Gutiérrez Hoyos, están las siguientes cuartetas, atribuídas a Gutiérrez G. Sin comentario las trasladamos”.

¿Cómo esa cosa se llama
que actualmente se halla de moda,
pero que pierde su nombre
usándola el que la toca?

Su nombre sigue perdiendo
cuando siguen las lisonjas,
mientras más caricias le hagan
tanto más, es más graciosa.

Atormenta a los poetas,
mimándolas las hermosas,
“vanidad de vanidades”
que escandaliza a las monjas.

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